Antes del 17M el Palacio de San Telmo se parecía mucho al Versalles prerrevolucionario: la mayoría absoluta hacía de Moreno Bonilla un dirigente en estado de gracia, que emitía sonrisas beatíficas para un país crispado por los escándalos judiciales de un gobierno cercado por su propia minoría, y por una oposición incapaz de organizar una moción de censura que acabara tumbándolo. Agotado el calendario electoral y sorteado el gran marrón de los cribados para prevenir el cáncer de mama, el 17M prometía una nueva mayoría absoluta para el PP sin apenas sobresaltos. Ningún otro partido le saca más rendimiento a las mayorías absolutas, un centro de ingravidez permanente en el que sus líderes flotan por encima de las acusaciones y de las críticas más ácidas. Cualquiera que haya visto caminar a un líder del PP con mayoría absoluta se habrá dado cuenta de que levita uno o dos centímetros por encima del suelo. Pero la gracia, por divina que sea, tiene principio y fin en el espaciotiempo: el...
Desde que vivo en Pozoblanco no paro de vivir días históricos, que se distinguen de los días normales porque los proclama generalmente el señor alcalde y responden a un presunto logro de su gobierno o de su persona, tanto monta. La coba infinita Ayer sin ir más lejos se legalizó el polígono industrial de La Emiliana: el suelo rústico se convirtió en suelo urbano en un proceso —y esto sí que es histórico— que ha durado menos de lo previsto: unos treinta años. No es un chiste: en mi tierra un asunto parecido va para treinta y siete años de litigios y recursos sin solución a la vista. Uno esperaba un chupinazo cada cuarto de hora y un redoble de campanas cada media hora para celebrarlo, como cuando pasean a un santo; pero la celebración consistió en la aparición del señor alcalde en el estudio de la COPE, donde anunció la buena nueva a la cristiandad y Emilio Gómez volvió a sacarle brillo hasta resplandecer cegadoramente frente el pueblo elegido. No así para el populacho y la ...