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19-M

 Estoy saliendo del tsunami opinativo del 17-M, aunque todavía queda el análisis político en la sede de IU, casi con seguridad en la tarde/noche de este viernes, 22 de mayo. Salgo más o menos intacto, pero la respuesta del millón a la pregunta recurrente sigue sin aparecer: ¿qué le ha pasado a la izquierda?


Un primer diagnóstico: ha vuelto a ganar la derecha, ergo la izquierda ha vuelto a ser derrotada. La gran derrotada si nos referimos a Por Andalucía, más por expectativas que por resultados: aspirábamos, contra todo pronóstico, a un cambio de gobierno (¡toooooma idealismoooo!, Rockefeller dixit). No hay grandes cambios en lo demás: el voto de derechas y de ultraderecha ralentiza su crecimiento, pero no se detiene; prosigue el desmantelamiento del estado social, principalmente sanidad y educación, lo que parece no preocupar a nadie más que a afectadas y afectados.


Otro diagnóstico: El PP es el claro ganador, pero depende de VOX para gobernar. Se quedó a dos escaños de la mayoría estable, que es la mayoría absoluta de toda la vida. Tendrá que gobernar, en el mejor de los escenarios políticos, sostenido por el sentido común de VOX. Incluso explicado con sus eslóganes sigue dando grima el panorama. La mayoría estable se esfumó por el subidón de Adelante Andalucía, según el análisis del propio partido. Creo que el aumento de la participación tiene algo que ver con ambos casos.


Adelante Andalucía ha sido la revelación de la campaña y del recuento de votos (que me lo digan a mí): de dos diputados pasa a ocho, con un dos por ciento de votos más que Por Andalucía. Ha destapado un palabro mágico: soberanismo. Ligado tradicionalmente al independentismo, en la segunda escisión de Podemos adquiere el valor del comodín: con una sola palabra se resucita el nacionalismo identitario, basado en el acento y quizá en el intento de establecer la normativa del andaluz escrito, el paso para que el habla andaluza se convierta en dialecto. Suerte: de momento todos los intentos llevan a los Hermanos Quintero, que utilizaban el acento como recurso cómico. También vuelve el agravio comparativo, aunque el centro de gravedad y origen de todos los males se desplaza de Catalunya a Madrid. El partido revelación excusó su participación en Por Andalucía por no querer llegar a acuerdos con formaciones con sede en Madrid. Lo ha vuelto a hacer con la vía Rufián, alguien que quiere legitimar del ascenso y la influencia de la izquierda soberanista, dado el fracaso de la izquierda española (IU, Podemos, Más País, etc). Quiere hacerlo con la colaboración de la izquierda... española, en una gran confluencia en busca del voto perdido. Mi bola de cristal augura un éxito muy parecido al de Maíllo Jones.


Presiento también que Adelante Andalucía nos va a brindar grandes jornadas parlamentarias de orgullo y de victimismo. La alternativa al orgullo identitario será el orgullo de alcanzar (o al menos exigir) más cotas de autogobierno, lo que significa intentar conseguir el traspaso íntegro de las competencias contempladas en el estatuto de autonomía. Al victimismo soberanista hay que oponer el primer paso: la cesión, ampliación y refuerzo presupuestario de las políticas sociales, el patito feo de todas las políticas, la gran ausente desde 2008, el primer sacrificio de todo presupuesto. Demandar, primero, recuperar y ampliar las políticas sociales no es fomentar la vagancia (menos aún en sus niveles actuales), sino la garantía de bienestar de la ciudadanía. 


Si permanezco más rato mirando a la bola de cristal veo al PSOE-A demasiado ocupado en recuperarse del resultado electoral (más votos, menos escaños) y volver a ser opción de gobierno (eufemismo para principal partido de la oposición). La bola también susurra una coincidencia electoral de municipales y generales. De ser así, quizá los analistas políticos más preclaros de la comarca abandonen el vicio común de extrapolar resultados electorales. Ni siquiera en una coincidencia electoral se vota lo mismo, aunque es cierto que hay una tendencia más o menos notable. Palabra de apoderado electoral. 


Casi siempre que se habla del fracaso electoral de la(s) izquierda(s) el referente negativo inmediato es IU: se supone que cualquier cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. Pero el caso es que Izquierda Unida ha cumplido cuarenta años con una mala salud de hierro, aunque no hay proceso electoral en el que no consiga un certificado de defunción. Todas las alternativas de izquierdas se postulan como alternativas a IU, refulgen electoralmente por algún rasgo extraordinario, ya presente en la veterana coalición (carácter asambleario, andalucismo, etc), cuentan con todo el favor mediático y finalmente desaparecen o acaban en la misma trinchera de la izquierda menguante en el mejor de los casos. (A lo tonto y totalmente gratis, he descrito el ciclo biológico de la izquierda en los alrededores del PSOE).


Sin dejar de  mirar a la bola, Por Andalucía en general, e IU en particular, es el partido al que ningún izquierdista de corazón puro quiere votar, pero es al que más conviene hacerlo: por simple cuestión de supervivencia. A quienes el neoliberalismo nos engolfó, a fuerza de putearnos en los ochenta y en los noventa, lo sabemos bien. Para quienes tengan que enseñarle los dientes al siglo XXI quizá no haya más remedio.


Palabra de simpatizante.




Comentarios

  1. J. Aperador23/5/26, 5:51

    Cómo dijo Borges, el de las nueces no, el otro: hay derrotas que tienen más dignidad que algunas victorias 😀

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