El papa vino a España a recordar que es un estado aconfesional, sustancialmente católico. La Iglesia reivindica así su presencia histórica, que también es reivindicar su peso político, tradicionalmente asociado a la derecha; al uso, abuso y disfrute del poder más o menos sin interrupción, como el PP de Madrid. Vino buscando una democracia cristiana y un socialismo ídem con los que entenderse y que se entendieran. La larga pervivencia de la Iglesia se debe principalmente a tener siempre un defensor de sus intereses, incluso en el infierno. La democracia cristiana se ha hecho más ultra que la Iglesia y al socialismo cristiano una bendición papal le sabe a poco, tal como está el patio. Las dos facciones buscaban la pátina moral para no salir mal en las fotos. Se le recibió como a un jefe de estado, pero no del microestado que el Vaticano es, sino como el líder espiritual de unos mil quinientos millones de personas, que dan para llenar la India, por ejemplo. Si quitamos a bautizados ...
Cuando la política no es obsesión ni fastidio, ¿qué es la política?