De la campaña electoral hablamos.
Laboralmente ha ido bien, aunque con dos días menos (una fiesta nacional y otra local) para repartir toneladas de papel publicitario. Un derroche que lamento mucho y siempre, por eso decidí en su día darme de baja como receptor de propaganda electoral. Es fácil y no lleva mucho tiempo. Dejo aquí el enlace.
https://sede.ine.gob.es/oposicionPartidos/presentacion?lang=es_ES
La campaña tiene dos posibles finales: una victoria holgada del PP que le da mayoría absoluta (la famosa mayoría estable); o una victoria insuficiente del PP, que le obligaría a depender de VOX y de sus caprichos, como el disparate de la prioridad nacional.
Para un votante de izquierdas, como es el caso, no está muy claro cuál es el mal menor y cuál el mayor. Dos finales infelices y un futuro hipotecado para la sanidad y la educación públicas, más concertadas por voluntad popular. Una reducción del gasto social también es previsible, aunque el nuevo gobierno estable o dependiente lo venderá como inevitable, entre otras razones por el encarecimiento de recursos y de fuentes energéticas que se vende desde el inicio de la guerra con Irán.
Al presidente sonriente le conocemos su capacidad de gobierno en la autopista de la mayoría absoluta. El punto más negro de su gestión es la sanidad pública, no ya por la casi enterrada crisis de los cribados para el cáncer de mama, sino por las listas de espera y la concertación —no tan fluida— entre sanidad pública y privada: quien se opere en un centro privado a lo mejor descubre que el personal responsable en la sanidad pública de su recuperación no tiene ningún dato de su intervención.
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| Juanma haciendo campaña en Jerez... de los Caballeros. |
La defensa de lo público llega tarde desde el PSOE, lastrado por el relato de que fue en sus gobiernos donde empezaron los males de la sanidad pública andaluza. Con los dos gobiernos del PP la sanidad pública andaluza no ha mejorado, sino todo lo contrario. Se plantea un escenario en el que pierde votos por desgaste del gobierno central y por su indefinición en políticas sociales: promete caminar hacia un estado de bienestar al que nunca avanza cuando gobierna. No le recuerdo ninguna propuesta llamativa en lo que va de campaña.
La unidad de las izquierdas alternativas al PSOE no ha sido del todo posible: Por Andalucía y Adelante Andalucía compiten por un espacio pequeño, aunque las encuestas hablan de crecimiento. El espacio "pequeño" es la décima parte de los votos, más o menos los de VOX. Un acuerdo de objetivos comunes (defensa del sector público, calendario de construcción de viviendas de VPO, defensa de la agricultura y ganadería sostenibles...) quizá no haría tan disputado el voto y alejaría la imagen de división irreconciliable.
La mayoría relativa incomoda al PP, una formación que sufre más de la cuenta a la hora de cerrar acuerdos. En este escenario se adivinan los males que acechan y lastran al gobierno central, como la incapacidad de sacar adelante los presupuestos, el argumento más sólido que tiene el PP nacional (más o menos el de Madrid) para exigir un adelanto electoral. También se intuye que Moreno Bonilla tendrá que tragarse el sapo de la "prioridad nacional", la última e impracticable tontería de VOX, más una declaración de intenciones que una posibilidad.
VOX maneja principios rimbombantes difícilmente aplicables a la realidad. Sus promesas antiinmigración ni siquiera caben en la Constitución que dice venerar y respetar. Su táctica es generar descontento a derecha e izquierda, denunciar los males patrios y proponer soluciones que rebasan todos los marcos legales. Toda la estrategia política se decide en la calle Bambú 12 de Madrid y probablemente en un solo despacho, con el visto bueno de una sola persona. En otros tiempos a esto se le llamaba caudillismo.
El próximo domingo se resolverán muchas dudas, quizá se despeje también la incógnita de un adelanto de las elecciones generales. Como apoderado en el colegio electoral de siempre espero llevarme la grata sorpresa de doblar el voto, como en las municipales de 2023.
Lo mejor del final de un proceso electoral es que uno lo celebra siempre como puede. Casi siempre con una sonrisa cansada.

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