La precampaña
Moreno Bonilla se la pasó pidiendo una mayoría estable, eufemismo de mayoría absoluta, única manera en la que el PP puede gobernar sin sobresaltos ni desgaste controlado. La capacidad de hacer política del PP excluye la posibilidad de alcanzar acuerdos; cualquier pacto con VOX escenifica, hasta el momento, un pacto diabólico: se firma una rendición antes que un acuerdo. Se sobreentiende el incumplimiento por cualquiera de las partes.
VOX se sacó otro concepto de la manga: prioridad nacional, que evoca a una emergencia ídem, y que en cristiano se traduce por: fuera moros, fuera negros, fuera pobres. En una monarquía constitucional es tan viable como un hipotético (tenemos esa suerte) gobierno de VOX: nada. Un gobierno del PP con VOX la hará aparentemente viable: recortar el gasto social a costa de financiar la tauromaquia, las cofradías semanasanteras o cualquier otra sagrada tradición; siempre que un pobre se queje de las ayudas que recibe otro pobre, siempre habrá un magrebí o un subsahariano al alcance, responsable de su suerte.
A VOX se le ha dado estupendamente la gestión del descontento, la creación de un emporio con la nostalgia del imperio, del nacionalismo exacerbado como motor para llegar al mejor de los futuros.
El problema es que el imperio recobrado no se atisba posible. Incluso no se atisba futuro con VOX.
El monolito.
La asociación Los Pedroches por la República dedicó esta Primavera Republicana a homenajear a las Brigadas Internacionales. Este año además se inauguró un monolito con los nombres de los brigadistas caídos en defensa de la legitimidad republicana, en los combates librados en la comarca, junto con una escultura basada en una emblemática foto.
A la derecha más reaccionaria la celebración de las Primaveras Republicanas le suele causar una reacción adversa totalmente previsible y predecible: cuando no puede acusar a la asociación de usar una bandera ilegal, criminalizar a los defensores de la República o intentar blanquearse con el argumentario de algún historiador revisionista, o "equidistante", alguien tan "objetivo" que no pueda distinguirse de un notario.
Este año se ha añadido un extra: la fealdad del monumento, según el criterio estético de Antonio Jimeno. Y también según su rabia, me temo.
El veto.
Se rumorea en algunos mentideros que el alcalde ha vetado a un conocido y galardonado artista local, por algunas coplas carnavaleras que no fueron de su agrado, hace unos años.
Un veto es tan difícil de probar como un caso de acoso laboral. El asunto quizá ayuda a entender un carnaval cada vez más descafeinado.
Esta impunidad viene de serie con la mayoría absoluta, la mayoría estable, que elimina obstáculos políticos y dificulta o impide la contestación social.
El atentado.
Trump sobrevive a su tercer atentado, que se ha saldado con un chaleco antibalas abollado, de un miembro del personal de seguridad. También con un periodista acabando su cena y unas señoras llevándose botellas de vino. Una supuesta emergencia nacional convertida en una escena en la mejor tradición picaresca.
La campaña.
Todas las encuestas aseguran un triunfo inapelable del PP. Lo que no está clara es la revalidación de la mayoría absoluta o un obligado acuerdo de gobierno con VOX. Lo primero supondría más peso del PP andaluz y de Moreno Bonilla en Génova 13; lo segundo, una escalera a la Moncloa para Feijóo llena de trampas. Tantas que es muy posible que no sea Feijóo el próximo presidente de un gobierno del PP: su operación Rodea la Moncloa no está saliendo como prometía, o está saliendo a medias gracias a VOX.
También hay cierto interés en el resultado final a la izquierda del PSOE: en Por Andalucía y en Adelante Andalucía nos disputamos la penúltima y la última plaza en el ranking electoral. De haber aceptado Adelante Andalucía la oferta de unidad electoral planteada por Antonio Maíllo, estaríamos disputando la tercera plaza a VOX con alguna ventaja. Mi conclusión: no será la izquierda nacionalista la que derrote por sí sola a la ultraderecha en las urnas.


Sí la escultura homenaje a las Brigadas Internacionales no le gusta al señorito ultracentrista de Jamenei es que hemos dado en el clavo. Abajo el fascismo ✊
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