Se acabaron mis vacaciones y también la legislatura. Mis vacaciones tenían fecha de caducidad. La legislatura ha acabado con un ladrillazo, lo que ilustra su fragilidad.
Maricarmen Abascal, anciana desahuciada, inició un movimiento de protesta en la calle que evoca al 15M. Es muy difícil sustraerse tanto a la esperanza como a la futura decepción, pero la presión impidió el desahucio y promovió la redacción de dos decretos: el Mari (presuntamente digerible por las derechas nacionalistas) y el Carmen (presuntamente indigerible por todas las derechas).
Junts anunció horas antes su no a los dos decretos, pero parecía que podría cambiar por la presión de la acampada. El voto negativo al primer decreto, de alcance muy discreto si hablamos de socialdemocracia, se vivió como el final de la legislatura que es. "Hagan lo correcto porque la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que se imaginan", dijo el presidente. Ni tan mal como profecía autocumplida, pero la derecha tiene un plus de impunidad que se extiende desde las charlas en el bar hasta las resoluciones judiciales.
En la calle hubo una explosión de rabia: las y los portavoces del Sindicato de Inquilinos llaman a la huelga general contra el rentismo y la especulación. Desacreditan a todo el arco político por su incapacidad de legislar a favor de una vivienda más digna y asequible, un síntoma más de que las derechas, si pagan por sus responsabilidades, lo hacen a escote con las izquierdas.
Una portavoz del Sindicato de Inquilinos incluso habló de "la incapacidad de la izquierda" para sacar adelante los decretos: ¿cómo se gobierna si la derecha, sumando al PNV, tiene más de ciento ochenta escaños de trescientos cincuenta? En ocasiones, se gobierna de milagro: la "izquierda incapaz" ha subido dos veces el SMI, ha intentado en más de una ocasión instaurar la semana laboral de treinta y siete horas y media, ha impulsado una ley de vivienda que las comunidades gobernadas por las derechas incumplen o no aplican. Los municipios gobernados por las derechas evitan declarar zonas tensionadas... Que la legislatura haya durado tres años con estos mimbres no deja de tener su mérito.
A la hora de hacer balance, a un gobierno de derechas se le escucha con sarcástica incredulidad. A un gobierno de izquierdas, con indignado desprecio.
De momento, el resultado que arrojan las encuestas no anima las casas de apuestas: una absolutísima mayoría de derechas. Estoy convencido de que así será, porque ya no hay más conejos en la chistera de Sánchez y porque las fuerzas políticas a su izquierda no serán capaces de superar su excedente en liderazgos ni su atomizado impacto en las urnas.
La campaña ha empezado poniendo a Correos en la diana, lo que me ha convertido en un presunto delincuente en mi vuelta al curro. Los acontecimientos se alinean de tal forma que no gano para disgustos, sensación que se agudiza conforme leo morralla conspiranoica en Facebook, más abundante que de costumbre, espoleada por figuras destacadas en el paño, como Ayuso o Abascal. Feijóo se fía de las trabajadoras y de los trabajadores de Correos, no de sus directivas y directivos. Supongo que lo dice por su calidad de expresidente y su gestión: convirtió un servicio público en una empresa estatal con un futuro incierto desde entonces.
"Que no se le ocurra a nadie votar por correo", avisó Ayuso, como si hacerlo supusiera contagiarse de una ETS. "Que todo el mundo vote de manera presencial" ordenó Abascal, como si hubiera demasiadas diferencias entre el voto por correo y el voto aen las urnas. Miguel Molina, el primer jefe que tuve por aquí, tan sabio y entrañable como socarrón, definió nuestra función en una frase memorable: "Somos mesas electorales ambulantes".
Hay una derecha españolista más agresiva que patriotera, lo que acojona pensando en el 29N como otro Día de la Victoria. O peor aún: pensar el 29N como otro Día de la Victoria Insuficiente. Está emergiendo una derecha ultra sin ningún pudor en mostrarse amenazante, cuando no violenta, que no parece admitir otro resultado que no sea una mayoría que le ponga el gobierno en bandeja. Hay mucho mono de poltrona y de comisiones ahí.
A la izquierda del PSOE nació otro mesías, Gabriel Rufián. Se propuso unir a toda la izquierda alternativa a la hegemónica socioliberal y fracasó, como no podía ser de otra forma: ERC no estaba por la labor, como buena fuerza nacionalista; Irene Montero se presentaba como cabeza de lista sólo discutible por primarias. A la Operación Rufián le salió un Frente Amplio como proyecto opuesto, al que la izquierda nacionalista no quiere unirse salvo excepciones contadas. Al final el Frente Amplio no es tan amplio, la Operación Rufián es un fracaso admitido por el interesado y las culpas del fracaso electoral recaerán en IU, como es costumbre, aunque me consta que la ejecutiva seguía intentando buscar acuerdo con Podemos / Rufián hasta poco antes de la medianoche.
Ya está todo el pescado vendido y sólo queda confiar en el mal entendimiento de urnas y encuestas, en una derrota no condenatoria a la no representación, en una victoria insuficiente o mal avenida de las derechas. No se vive bien con los dedos cruzados, último gesto de campaña.

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