Esta entrada se iba a publicar el 4 de octubre (pongo captura), pero alguien con más criterio y prudencia me pidió posponerla. Hoy se anuncia una iniciativa ciudadana, ni de izquierdas ni de derechas, sino todo lo contrario, que parece lo que queda del CDeI y quizá alguien más. La semana que viene saldremos de dudas.
Miguel Ángel Aguilar, periodista excéntrico según definición familiar, publicó un libro breve, muy interesante y aún más divertido, No había costumbre, en el que cuenta más o menos su bautismo de fuego en la profesión, con la agonía y muerte de Franco, nada menos.
En él asegura que los mejores sitios para obtener información eran los bares. Para corroborarlo, cuenta que por un bar donde tomaba café se dejó caer un médico conocido que le sopló a su compañero de medio y a él, por amistad y por otra ronda, que había sido uno de los doctores que atendió al dictador en La Paz y la gravedad del asunto. Contrastar la información con un par de llamadas dio como resultado una primicia histórica.
Aunque los bares hayan perdido esta condición privilegiada de fuentes de información, a veces resurge su vieja condición de mentideros a donde llegan los rumores de qué se cuece y de qué se va a cocer en la cosa política.
En esta primera quincena de vacaciones he tenido encuentros más o menos afortunados —serendipias en inglés—, que, a falta de confirmación por otras fuentes o por el simple paso del tiempo, bosquejan una interesante rumorología electoral para las próximas municipales.
Entre cerveza y cerveza, y después de consultar las notas que voy tomando, el bloque de las derechas es el menos agitado, no así el menos removido: no se advierten grandes cambios en VOX, salvo si Gerardo Arévalo (auténtico jarrón chino de la política local) acaba siendo su cabeza de lista, rumor añejo en el que también participaba Emilio Gómez como urdidor de la Operación Gerardo, en su condición de la VOX de su amo en la Comarca.
En el PP no se esperan grandes cambios, salvo que las encuestas internas digan lo contrario. Si dicen lo contrario, alguien me suelta el nombre de Eduardo Alba Lucena como cabeza de lista. Incluso insiste quien me da el soplo en que ya hay encuestas y voces peperas que dan a Santiago Cabello por amortizado. Yo añadiría incluso que demasiado visto: en la presentación del video mapping con el que se conmemoraron los veinte años de El Silo cosechó tímidos aplausos; la señora concejal de Cultura cosechó menos, y eso que también le soltó algún piropo. Quien tuvo curro, como siempre, fue el fotógrafo oficial, capaz de dar varias vueltas al mundo en una sola sesión para encontrar el lado bueno del alcalde o el ángulo perfecto.
En la izquierda prosigue la división, operación derivada de la resta: a las tradicionales candidaturas de PSOE y de IU (en las que no se averiguan grandes cambios, pero puede que haya alguna sorpresa), habría que sumar una candidatura presentada por una agrupación de electores (quinientas firmas previas, no necesariamente convertibles en votos) y el enigma de Adelante Andalucía: más de seiscientos votos en las últimas autonómicas, sin representación local ni candidatura a la vista. Como VOX, si cosecha algún éxito se atribuirá a las siglas; el fracaso se adjudicará a los nombres de la lista (es la política, amigo). De su existencia en la política local sólo me constaba una sola publicación en Facebook durante semanas, no demasiado afortunada: era la repetición de una publicación previa en Unidos por el Agua. Resumiendo: la izquierda plural que compite entre sí, asegurándose la derrota.
Sobre la agrupación de electores: la podríamos llamar Lo que queda del CDeI, partido local disuelto hace unos meses y en vías de resurrección por, de momento, dos cabezas de lista. Me dan los nombres de él y de ella, me dicen que me los calle. Eso hago.
En otra barra, con otra ronda de cerveza muy fría y tapas nivel almuegso de picoteo, aparece otra vez el jarrón chino (Gerardo Arévalo) como cabeza de lista de Lo que queda del CDeI. Pregunto si se trata de una broma, me dicen que se trata de una posibilidad muy posible. Yo contesto que el concejal no adscrito es un paracaidista muy valorado, pero de momento no ha saltado del avión. Quien me da el soplo se encoge de hombros:
—Allá tú, yo sólo te lo cuento lo que me cuentan— y sella su boca con otra tajada de lechón frito.
Cuando me toca brindar, lo hago como lo haría Miguel Ángel Aguilar hace más de cincuenta años:
—Por un futuro menos oscuro.


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