Pasadas las concentraciones peperas (con VOX de estrella invitada), con la profusión de banderas que incluyen las de ¡Franco Vive!, la banda sonora de costumbre y la canción revelación, España es cristiana, no musulmana, llegó la comparecencia de Perrosantxe, que no vino a aclarar nada pero que prometió aclarar todo. Más que nada porque corre el bulo del secuestro de sus actos por parte de la inteligencia marroquí, que tuvo acceso a su teléfono y puede que todavía conteste los wasaps que le manda Feijóo.
En el Congreso se escenificó que Perrosantxe está solo con sus explicaciones. Está por ver si su propio grupo parlamentario se las cree, aunque de momento aplaude. Los socios de gobierno no tragan, pero toda la artillería de la oposición está asentada en bulos como el chantaje marroquí al presidente delincuente o informes que el gobierno ignoró porque ya tenía el cuerpo de vacaciones: si el presidente es poco convincente por omisión, el líder de la oposición contraataca con una ruidosa munición de fogueo, tracas elaboradas artesanalmente por medios afines y que con frecuencia explotan antes de su uso.
Feijóo no se salió de su papel de presidente-que-no-quiso y que sólo se lo cree él, aunque su grupo sigue aplaudiéndole. Quedó claro que tampoco va sobrado de ideas para solucionar la crisis, quizá mandar a Núcleo Nacional para que devuelva a palos a los inmigrantes. La llegada masiva de gente pobre a Ceuta es una invasión para toda la derecha bienpensante, y para la derecha malpensante un casus belli suficiente para declararle la guerra a Marruecos, y de camino recuperar como poco el Protectorado y el Sáhara.
Mientras suenan tambores de guerra y tracas de dimisión en el Congreso, una politóloga en la tele dice que la política internacional le está pareciendo muchísimo más complicada que la política nacional, objeto de su estudio; no digamos ya la local (esto último lo pienso yo). Deduzco que tampoco tiene respuesta a la crisis. ¿La solucionaría una escalada de presión diplomática, que condujera a una amenaza de toma de puestos fronterizos marroquíes por el ejército español, para controlar por fin el flujo migratorio?
En el horizonte planea el fantasma de la Isla de Perejil, invocado por el presidente en la entrevista emitida por la SER, una fantasmada marroquí que acabó con otra española: unidades de élite del ejército apresando a unos gendarmes marroquíes somnolientos que ocupaban la isla y que besaron con gratitud las manos de sus captores. Una opereta sin ninguna épica pese a los intentos de Federico Trillo, por entonces Ministro de Defensa.
La solución a la crisis humanitaria pasa por la acogida de los dos mil o dos mil quinientos menores (todavía, un mes después, las cifras siguen siendo aproximadas), esfuerzo que deberán acometer las comunidades autónomas, en su mayoría, como Ceuta, gobernadas por el PP en cogobernanza con VOX, que rechaza la medida. Que tampoco se contempla en el Manifiesto que la FEMP elaboró para ser leído en las concentraciones "de apoyo" a Ceuta, donde las únicas medidas que destacan son el "abrazo fraternal" y el "apoyo incondicional" del punto 1.
Unas concentraciones convocadas unilateralmente por la presidenta de la FEMP, con un manifiesto redactado unilateralmente desde la mayoría absoluta del PP en la federación, ya huele a acto electoralista desde el origen. Y a consiguiente protesta antigubernamental encubierta: no hay concentración en las grandes ciudades que no haya concluido en un aquelarre antisanchista.
De momento ciento cincuenta muertos que no nos importan.

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