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LA MANO ULTRADERECHA

 Antes del 17M el Palacio de San Telmo se parecía mucho al del Versalles prerrevolucionario: la mayoría absoluta hacía de Moreno Bonilla un dirigente en estado de gracia, que emitía sonrisas beatíficas para un país crispado por los escándalos judiciales de un gobierno cercado por su propia minoría, y por una oposición incapaz de organizar una moción de censura que acabara tumbándolo.


Agotado el calendario electoral y sorteado el gran marrón de los cribados para prevenir el cáncer de mama, el 17M prometía una nueva mayoría absoluta para el PP sin apenas sobresaltos. Ningún otro partido le saca más rendimiento a las mayorías absolutas, un centro de ingravidez permanente en el que sus líderes flotan por encima de las acusaciones y de las críticas más ácidas. Cualquiera que haya visto caminar a un líder del PP con mayoría absoluta se habrá dado cuenta de que levita uno o dos centímetros por encima del suelo.


Pero la gracia, por divina que sea, tiene principio y fin en el espaciotiempo: el 17M se acabó para Moreno Bonilla el idilio con el electorado andaluz, que con una participación mayor de la prevista lo despojó de la mayoría absoluta, que él se empeñó toda la campaña en llamar mayoría estable


Antaño un índice alto de participación era presagio de un gobierno de izquierdas. Hoy es el principio de incertidumbre para el partido más votado. En este caso, el futuro era una repetición electoral o un pacto con la ultraderecha, aunque en principio se intentó sólo llegar a acuerdos puntuales para gobernar en solitario. El traje de moderación que viste Moreno Bonilla se mancha con cualquier mota de caspa o con cualquier reflejo azul mahón. 


El acuerdo de gobierno fue inevitable y el objetivo actual es que el verde Pantone 368 de VOX y el azul corporativo del PP no se mezclen. Más que un gobierno de coalición, parece que se ha formado un gobierno de cohabitación, en el que la consigna es que tu mano derecha no sepa qué hace tu mano ultraderecha.


Sólo así se explica que se haya colado como viceconsejero un exfalangista y consejero de la ACdP, sin una sola voz discordante, empezando por la de Moreno Bonilla, anteriormente conocido como la moderación en persona. Responde al nombre de Rafael Sánchez Saus y no le ha importado marcar distancias con su pasado falangista porque con su presente nacionalcatólico va sobrado de integrismo.


Las redes han rescatado algunas de sus opiniones, que hacen sospechar que este doctor en Historia Medieval vive atrapado en el objeto de su estudio. Así, ha dado con la clave del descenso de la natalidad en España: la incorporación de la mujer al mercado laboral a partir de los ochenta y el uso extremo de métodos anticonceptivos, también por parte de la mujer. 





Aunque se abstiene de dar la solución, se le adivina por su perfil ultra y se resume en un viejo dicho: la mujer en casa y con la pata quebrada. Lo que remite a un tiempo que parece lejano, en el que las sotanas controlaban el cuerpo y la voluntad de las mujeres. El sojuzgamiento de la mujer no sólo es una muestra de virilidad en un cerebro reaccionario, sino la garantía de un orden social perfecto por inmutable para el mismo cerebro.


Habrá que ver si su labor en el gobierno andaluz va más allá del agitprop reaccionario. De ser así, al Tribunal Constitucional le espera una gran carga de trabajo.

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