Me han suspendido la cuenta, no me queda muy claro si por dudas acerca de mi condición humana o por dudas sobre mi identidad. La solución es enviar un vídeo selfie y una foto del DNI. Lo primero no me importa, lo segundo ya me cuesta más, demasiado. Después de enviar una foto con el número borrado, leo que no aceptan manipulaciones en dicha foto. Hay pocas posibilidades de que la suspensión no sea definitiva, aunque he encontrado al Centro de Apelaciones Europeo. Les he expuesto el caso y prometen contestar.
Un final abrupto para una historia divertida, que casi ha coincidido con la ofensiva de Perrosantxe contra las redes sociales y su influjo negativo en los menores de edad. Siempre hay influjos negativos para los menores de edad. Todo buen padre y toda buena madre intentan evitar que sus hijas e hijos se expongan a los malos influjos. Toda buena hija y todo buen hijo harán lo posible para exponerse a toda influencia negativa que se cruce en su camino: es parte de su educación y de su experiencia.
El asunto tiene otras lecturas: las redes sociales como huevos de la serpiente (entiéndase serpiente como pensamiento reaccionario y fascistoide) y como artilugio publicitario de modelo conductista, que aprovecha/explota las muchas vulnerabilidades de adolescentes y preadolescentes.
Leo que hay muchas dudas al empeño de regular Perrosantxe la edad de acceso a las redes sociales. Hay precedentes en otros países con resultados cuestionables. Casi mejor que padres y madres no sepan qué ven/qué leen/qué oyen sus hijas e hijos en las redes sociales, casi mejor que las y los eduquen el Xocas, Un Tío Blanco Hetero y demás fauna internauta, entre la que debería incluirme. El resultado acojona bastante.
En cierto modo hay que agradecer a Facebook que me impida llegar a tiernos cerebros por hacer como a tiernos cerebros ya hechos: algunos demasiado crudos, unos pocos al punto y otros demasiado hechos. No modificarán su conducta ni sus gustos, ni siquiera su intención de voto, por mi causa.
Que me quiten lo publicado.

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