Daban como resultado las encuestas para las elecciones autonómicas en Andalucía un viaje de placer, hasta volver a alcanzar la mayoría absoluta, del PP andaluz. Le bastaba a Moreno Bonilla con sonreír beatíficamente y afirmar que estamos en el mejor momento de nuestra historia; ni siquiera hacía falta añadir que gracias a su gobierno y a su destreza para sortear los nubarrones de la sanidad o la educación. No hay tormenta que no escampe en una legislatura, por muy atronadora que sea la labor de la oposición, si las aguas de la indignación no llegan a las calles.
Lo que ocurrió, cuando lo que aparentemente parecían errores excepcionales y accidentales en el cribado en la detección de cáncer de mama, se volvió práctica habitual y negligente: no comunicar diagnósticos positivos. La plácida gobernanza chocó contra un iceberg en forma de consejera de Salud, con menos empatía frente al problema que un funcionario de prisiones con burnout, capaz de afear a las portavoces de AMAMA que intentaran politizar el asunto, al reunirse primero con el PSOE antes que con ella, que quizá le había dado largas; capaz de afear que no tuvieran confianza en su gestión del asunto, que vieran el vaso medio vacío llegó a decir. Quizá confiaba en que todo acabara en una tormenta con enorme ruido de la oposición y de los medios poco o nada afines que iría menguando con el tiempo, que todo lo cura; viene a ser la forma de afrontar las crisis que tienen los gobiernos del PP: esperar a que escampe, generalmente en cuestión de días, y a otra cosa.
Pero las asociaciones de afectadas, junto con otras asociaciones y colectivos tomaron las calles con manifestaciones y concentraciones convocadas con apenas unas horas de antelación y con una respuesta masiva. Lo que implica que el problema deja de ser simplemente administrativo; lo que implica que es un problema más extenso y grave de lo que pretendía la consejera de Sanidad; lo que implica que es un problema cuya gravedad trasciende la ya de por sí grave situación de las afectadas; lo que implica que, además del apoyo de las personas más allegadas a ellas, las afectadas contaban con el apoyo de la ciudadanía, que de manera directa o indirecta sufre la pésima gestión de la sanidad pública andaluza. Y así, queridas niñas y queridos niños, un problema que quería presentarse como excepcional y controlado, se convierte en un problema político que amenaza a la confortable mayoría absoluta de la que disfruta el PP.
El presidente de la Junta, Juan Manuel Titanic Bonilla, maniobró todo lo rápido que pudo y anunció la dimisión de la consejera de Salud. Lo normal es que una persona que dimite de un cargo sea la que anuncie su decisión y la explique, por lo menos desde los tiempos de Suárez. Así que no es disparatado pensar que es un cese que parece una dimisión, con un sentido panegírico de la cesada que disimula su pésima gestión y la consecuente crisis de gobierno. Anunció además una millonaria inversión en equipamiento y personal para la prevención del cáncer de mama, aunque no queda claro si se destinará a la sanidad pública o a la privada.
Se da así por finalizada la crisis o al menos se intenta. Pero, queridos niños y queridas niñas, los fallos en la comunicación de detección del cáncer de mama son sólo una parte de la precarización de la sanidad pública andaluza, el escándalo más reciente y notorio, pero no el único. Hay un ruido de fondo de contratos a dedo y tratos de favor, el incremento de fondos a favor de los conciertos con la sanidad privada en detrimento de la financiación de la sanidad pública. Etcétera.
El ruido y la indignación han llegado a la calle. Cuando esto sucede siempre es mala noticia para un gobierno, pero más para los gobiernos del PP: históricamente no es sólo aviso de tormenta, sino también de derrota electoral.
Olé
ResponderEliminarGracias Ape:)
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