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El candidato

     Tenemos candidato a la Junta en Izquierda Unida, que se llama Farala y es divinaaaa, seguiría el previsible chiste boomer. Pero no es un chiste, es una noticia. Por ahondar en ella, es el único candidato que se presenta a las primarias, que siguen su curso. No es un espóiler declararle ya como candidato oficial de IU a la Junta de Andalucía, sino simple cuestión de lógica. En todo caso me salto el protocolo y los plazos, tan importantes estos últimos como a la hora de pagar multas o impuestos. Es posible que reciba alguna reconvención de la cúpula, lo que me hace sentir vivo, e incluso joven. Cosas mías.


El candidato se llama Ernesto Alba, es conileño y secretario del PCA, no sé si por este orden. Conil forma parte de los recuerdos agradables de mi infancia, cuando era un pueblo marinero y no la ciudad turística y marinera que es hoy, por la que pasé y la disfruté, aunque también paseara mi nostalgia, hace unos años. Conil, también de la Frontera como Jerez, fue uno de los baluartes de IU en la provincia de Cádiz. Ahora la gobiernan los andalucistas con el PP y con lo que parece un partido local (y localista), Siempre


Ernesto Alba era un perfecto desconocido para mí hasta hace pocos días. Alguien de la cúpula local me sopló su condición de secretario del PCA y de ser la tercera persona de IU que más aparece en los medios. Leo titulares y noticias que despiertan mi interés de al menos tres medios digitales a diario; nunca me había tropezado con su nombre. Dada mi "ignorancia supina" en la cosa política (Antonio Jimeno dixit), improvisé una encuesta con la pregunta: ¿conoces a Ernesto Alba, de IU? La decena de respuestas fue más o menos la misma: ni idea o ¿Ernesto qué?



Ernesto Alba tiene entrada en Wikipedia, más escueta que un currículum. Anécdota boomer: en un curso de Técnicas de Búsqueda Activa de Empleo, obligatorio después de finalizar cualquier curso de FPO, se insistía mucho en dos conceptos: a) la búsqueda de empleo es de por sí un empleo y b) hay que engordar el currículum sin ningún remordimiento pero tampoco sin engañar demasiado: la mentira en este caso penaliza (y mucho), la picaresca puntúa (y mucho, también). La precariedad laboral, queridas niñas y queridos niños, no es contemporánea. Lo contemporáneo, y lo novedoso, es la lucha contra esa precariedad al frente del Ministerio de Trabajo. Antes de Yolanda Díaz, cualquier ministra o ministro de Trabajo emitía cristiana resignación y el mantra archisabido que dice: trabajo hay, lo que no hay son ganas de trabajar.

Según la entrada de Wikipedia, Ernesto Alba es trabajador social, labor ejercida durante muchos años en el Centro de Acogida para Inmigrantes de la Cruz Roja de Algeciras, uno de esos enclaves paradisíacos donde las y los inmigrantes reciben sus paguitas, sus subsidios, su asistencia VIP según VOX, ese partido donde sus dirigentes dejan los salones en campaña electoral para bajar a la calle y gritar lo primero que se les ocurre, algo parecido a los zánganos de abejas y de hormigas, sólo que estos mueren en el intento. La realidad es otra muy distinta, pero la realidad, o la experiencia de primera mano, importa ya poco en política, convertida en paraciencia por el lado derecho: lo importante es el relato, cuanto más enervante y fulgurante mejor; que la realidad no estropee un buen titular, podría decirse.

No contento con intentar resolver las necesidades acuciantes de quienes llegan sin nada a un lugar extraño donde no son nadie, Ernesto Alba visitó los campamentos de refugiados saharauis en Argelia, nuestro pueblo olvidado y abandonado a su suerte. Su situación fue la última chapuza del franquismo y la primera de la restauración monárquica, el cadáver bajo la alfombra del régimen bipartidista que Henry Kissinger diseñó y que funcionó hasta la última crisis económica. Después del referéndum de la OTAN, queridos niños y queridas niñas, IU ha sido la presencia incómoda en este régimen turnista, antes de que la irrupción de Podemos lo pusiera definitivamente en cuestión.

Tiene nuestro candidato un largo camino por delante y no demasiado tiempo para recorrerlo, con la dificultad añadida de que el frente amplio al que aspiraba Antonio Maíllo no se materializará en esta convocatoria electoral y la sombra de la ultraderecha aparece alargada y amenazante en todos los sondeos electorales, menos en el del CIS, como es costumbre.

Quizá lo más subversivo hoy sea combatir la desigualdad social, hacer lo posible para impedir que la gente más desfavorecida de tu entorno no se convierta en invisible o en presunta delincuente. Quizá lo más revolucionario sea hoy no abandonar a nadie a su suerte, que la calle vuelva a ser lugar de encuentro y no destino temible para quien no tiene nada ni a nadie que lo socorra. Si es así, tenemos al mejor candidato.


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