Me las prometía felices hace un mes cuando la manifa del PP salió rana, que diría Esperanza Aguirre. Pero el caso Koldo se amplió al caso Ábalos y este a su vez evolucionó al caso Cerdán, máxima evolución del pokémon corrupto del PSOE, de momento. Suficiente para que las derechas pidan adelanto electoral again. Suficiente como para pensar que la corrupción es consustancial al régimen del 78. Suficiente para pensar en una república federal desde el lado izquierdo de la vida política, pero parece que la mayoría del electorado piensa en otras cosas; pongamos la resurrección de Franco, o dejar la corrupción en manos del partido que la borda, o, como término medio, la vuelta a un país exclusivamente católico, castellanohablante y con Madrid como ombligo nacional. En resumen: dejar la corrupción en las manos de siempre desde tiempo inmemorial, para volver a parecer un país democrático y moderno como la comunidad autónoma de Madrid, sin ir más lejos.
Hace un mes cualquiera con un mínimo de lucidez pensaba que la legislatura se iba al carajo porque la amistad es uno de los ángulos ciegos de la política, porque el mejor de los amigos tiene un precio y sólo basta que alguien lo pague para reducir la política a su más zafia condición: la de herramienta lucrativa para uso exclusivamente personal. Lo que conlleva administrar fondos públicos como si fueran propios, algo que desde el lado derecho de la política puede parecer natural desde su situación privilegiada; pero si desde el lado izquierdo la diferencia entre propiedad pública y propiedad privada no está clara para quien debe administrar la primera es que no se tiene aptitud para el puesto, por muy titulado y por muy cargado de buena voluntad que estés.
Hace más o menos un mes Perrosantxe prometió dar explicaciones el 9 de julio en el Congreso sobre el caso Cerdán. El pokémon corrupto no debía evolucionar al caso PSOE, que es la previsión de la oposición y era la opción más temida por los socios de gobierno y partidos que lo apoyan. La amenaza de la financiación ilegal y del conocimiento tácito del asunto por parte del presidente del gobierno sigue en el aire, a la espera de lo que diga el juez de instrucción.
De momento Perrosantxe compareció, dio unas explicaciones, prometió atajar el problema de la corrupción, consiguió mantener sus apoyos parlamentarios y aguantó la tormenta de la oposición, mucho menos virulenta de lo que se temía: Feijoo ha vuelto a demostrar su incapacidad como alternativa de gobierno, Abascal vuelve a la teatralidad. ¿Se supone que la unión de estas dos inoperancias nos salvará? Es mucho suponer. La única aspiración que se aprecia es la de convertir al país en el satélite más entusiasta de Trump, en estrecha competencia con Argentina e Italia. A lo mejor con el tiempo nos convertimos en el estado 69 de la Unión, el más picarón. Por encontrarle atractivo al panorama.
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