En política no todo vale es una de las frases memorables del señor alcalde, que suele aparecer en los ecce homos que publica en Facebook cuando la oposición traspasa ciertos límites, pongamos que cuando hombre blanco hablar con lengua de serpiente y no cuela, porque entre lo que prometen / aseguran el señor alcalde y su gobierno y lo que el señor alcalde y su gobierno hacen hay una distancia grande; distancia irritante si la palabra incumplida afecta a tus necesidades o intereses; distancia cómica, como todos los quiero y no puedo que en el mundo han sido, cuando el señor alcalde intenta convertir las críticas a su gestión en ataques personales.
En carnaval tampoco vale todo: lo soez y lo insultante no tienen ninguna gracia, seguramente porque no son precisamente frutos del ingenio (más bien de la frustración y la impotencia). Este año he visto y escuchado mucho ingenio der güeno en los tipos y en las letras de las coplas que comparsa y chirigotas ofrecieron a pocos pasos de casa, convirtiendo al barrio de San Bartolomé en parte de la fiesta. Hubo muchas críticas a la gestión municipal, ninguna salida de tono, sí muchas risas y más que merecidos aplausos. Un domingo de carnaval memorable que hay que agradecer a tod@s l@s participantes.
Así que me ha pillado por sorpresa leer en Sociedades Binarias que a una agrupación carnavalera le dio por cagarse en la puñetera madre de un alcalde (sic) ni más ni menos que en El Silo, que semejante barbaridad se excuse porque es carnaval y que haya una izquierda tan feminista como insensible cuando se ataca a una mujer que no es de izquierdas ni feminista. Toda la historia, no sólo la acostumbrada última parte, suena a puro disparate. Como cualquier mortal, Antonio Jimeno puede engañar (creo que es menos liberal y menos moderado que el thatcherista presidente de la Junta, lo cual acojona y mucho); pero como nunca miente aunque cargue por la derecha, lo obligado es preguntarse quién(es) y por qué se acuerda(n) de mala manera de la madre del señor alcalde. Lo que me ha llevado a preguntar a quienes asistieron al teatro y a quienes tienen algún contacto con gente carnavalera si han escuchado o leído el insulto. La reacción de sorpresa y de incredulidad ha sido tan fuerte que más de una vez he tenido que mostrar en el móvil la frase en cuestión
y la respuesta es unánime: nadie escuchó semejantes palabros ni nada parecido. Hay quien todavía, y dolido por la cuestión, está repasando vídeos y libretos sin que de momento descubra quién, ni por qué después de tantas horas de darle al cráneo para componer letras y músicas, después de cavilar y de coser un disfraz que exprese más que las palabras y después de horas de ensayos para conjuntar voces e instrumentos lo mande todo a la mierda soltando por la boca dos ídems. Sé muy poco o nada del carnaval, pero tengo más o menos claro que las gilipolleces tienen pocas o ningunas posibilidades de éxito, sobre todo cuando se pueden cargar tantos esfuerzos, ni siquiera por un calentón: paradójicamente, hay más mesura en una agrupación carnavalera que en algunos especímenes que muestran sus dotes oratorias en sedes parlamentarias.
Una compañera mía más joven que yo, pero mucho más sensata e inteligente de lo que seré en toda mi vida, hace un apunte interesante: Esa persona puede que haya entendido de otra forma lo que haya escuchado. En la fiesta del ingenio no es nada rara la sombra del malentendido.
Miro en la página de Facebook del señor alcalde, siempre dispuesto a hacer recuento de las piedras en el camino y los palos en las ruedas con que la pérfida oposición y l@s mal@s emplead@s municipales se ensañan con su persona, pero no hay nada más que la habitual cantidad industrial de almíbar con la que quiere convertir cada evento lúdico-festivo en un caladero de votos:
Lo que más que cabrearme, incluso me alegra: el asunto va pareciéndose a una fake que le han colado al señor Jimeno antes que a una desgraciada salida de tono. Me atrevo a decir entonces que hemos tenido la fiesta en paz, lo que no es poco.
Lo que, bien mirado, no queda lejos del discurso neoliberal, que esta vez sí que voy a resumir con sal gruesa: si triunfas, disfruta; si fracasas, te jodes.
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