Ayer fue Primero de Mayo, Día Internacional de Trabajadoras y Trabajadores. Fiesta siempre reivindicativa salvo que se convoque y se organice en dictaduras (o democracias iliberales). Entonces la reivindicación deja paso a la autocomplacencia, a los coros y danzas y a los desfiles civiles y / o militares.
También VOX intentó hacer una demostración de fuerza y convocó su propio acto en Cádiz, escenario mítico de luchas obreras en mi memoria. Así que en principio el acto me resultó repugnantemente oportunista. Luego ridículamente oportunista: la asistencia osciló entre las doscientas y setecientas personas, una nadería para una convocatoria nacional de la tercera fuerza política del país, bajo el lema Reconquistarlo todo. Hasta don Pelayo prefirió quedarse en casa.
El acto sirvió para presentar a Macarena Olona como candidata a presidir la Junta de Andalucía. Se autoproclamó candidata del pueblo, perogrullada antes que sobrenombre épico: todas las candidaturas representan al pueblo que las vota en mayor o menor medida. Me recordó antes a Belén Esteban que a Lady Di, lo que a su vez presentaría a Macarena Olona como el subproducto de un subproducto.
Al candidato del PP y actual presidente de la Junta los números de las encuestas le auguran un gobierno estable incluso en solitario. Aunque sin mayoría absoluta, lo que le obligará a pactar o, en el peor de los casos, cogobernar con VOX. (¿Juan Manuel Mañueco Bonilla?) En ambos casos no se verá alterado su perfil moderado, lo que de por sí me confirma la calidad del disfraz: no ha habido moderación en desmantelar servicios públicos (sanidad, educación) para favorecer a la sanidad y educación privadas. Todo con caudales públicos, en el más puro thatcherismo. Con la mejor de las sonrisas y hasta pidiéndole el voto a una vaca. Lo que sea, si funciona. Y funciona: el descontento, el perjuicio, el hartazgo, todavía no se perciben fuera de la esfera individual o de pequeñas asociaciones (como en el caso de la AMPA del Virgen de Luna). Parece que llueve poco porque una mayoría se moja poco (todavía).
La víctima de los últimos procesos electorales no pierde su condición en Andalucía: las encuestas auguran uno o dos diputados para C's. Ninguno de ellos será Emiliano Pozuelo, que anunció su despedida. Como profesional de la política que es, habrá que preguntarse en qué ámbito y con qué siglas concurre de ahora en adelante. Tengo mi apuesta: futuro candidato de VOX en las próximas elecciones municipales. (Ventura Redondo no pasa de ser un voluntarioso hombre de paja.) Es, sin embargo, una apuesta temeraria de alguien que no es experto ni en el juego ni en la política: está hecha con más frivolidad que certezas.
A la espera del Frente Amplio que intenta montar Yolanda Díaz como alternativa al PSOE, la izquierda alternativa / ultraizquierda presenta distintas candidaturas en distintas formaciones para defender más o menos lo mismo. ¿De qué me sonará esta historia? También me suenan las encuestas: números insignificantes para aspirar siquiera a combatir el expolio de lo público con el que se nutre y se justifica el neoliberalismo. ¿Qué tal un gran acuerdo de mínimos que figure en cada uno de los programas políticos?
Poco antes de comenzar la campaña electoral hay convocada huelga general en Correos por UGT y CCOO. Denuncian la grave situación financiera y organizativa a la que ha llegado la Sociedad Anónima Estatal más grande de la mano de Juan Manuel Serrano, su presidente y antaño jefe de gabinete de Pedro Sánchez, que lo premió con esta sinecura.
Al poco tiempo de llegar al cargo, Juan Manuel Serrano hizo unas declaraciones en las que se preguntaba si con doscientos mil euros había hecho secretario general del PSOE a Pedro Sánchez, qué no sería capaz de hacer con el presupuesto de Correos. De momento, quiebra técnica y una gestión desastrosa para quienes hemos conocido algunas no precisamente prodigiosas.
La huelga parece justa y necesaria si no fuera porque poco tiempo antes, recién nombrado Alberto Feijóo nuevo presidente del PP, dejara caer que Correos se convirtió en Sociedad Anónima Estatal con el apoyo de los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT. Y es esta condición la que nos ha alejado de ser un servicio público y nos ha convertido en empresa privatizable.
Lejos de un desmentido, lo que he encontrado son justificaciones como mal menor. Va a ser una de las pocas huelgas que no voy a secundar. Y l@s trabajador@s públic@s deben de tener claro que Feijóo es el enemigo de lo público número uno.
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