El pleno de abril ha sido el más breve en mis escasos registros. Presencial, sin orden del día (¿pasará de ser una costumbre a una tradición?), con una parte burocrática muy breve, dio paso a los Ruegos y Preguntas que se resolvieron rápidamente. Fin. Pleno para el olvido.
Sin embargo dejó algunas imágenes que no deben de gustarle al señor alcalde, porque no hay posado y no sale su perfil bueno. Un salón de plenos con muchas ausencias, empezando por la de la interventora (¿otra costumbre la de carecer de unos servicios de intervención estables?).
Queda un año para las elecciones municipales pero Miguel Calero (IU) habló de legislatura fallida: con unos presupuestos prorrogados, con los retrasos de pagos a proveedores, conflictos con la plantilla y sin noticias de los grandes proyectos, no se me ocurre mejor expresión. Tanto él como Rosario Rossi (PSOE) ofrecieron colaboración para acabar de la mejor manera el año restante. Eduardo Lucena (PP) agradeció el tono de sus intervenciones y sus ofrecimientos. El señor alcalde se quejó de que hace más de un mes ofreció la plena disponibilidad de su equipo de gobierno y de él mismo para recibir y escuchar todas las propuestas de la oposición sin que hasta el momento haya habido respuesta. Un poco más y la responsabilidad de todos los problemas va a ser de Miguel Calero y de Rosario Rossi, que no suman (una de sus últimas expresiones favoritas); pero tampoco hace falta que resten: su gobierno de mayoría absoluta se basta solo para crear problemas y no solucionar los que estén pendientes.
La pandemia paralizó la vida del país durante meses y la guerra ruso-ucraniana ha traído falta de materias primas e inflación: son agravantes de la situación, no las causas de que un gobierno gestione con exasperante parsimonia o no dé la cara si no hay inauguración o algún otro evento social de por medio. Pero es la explicación socorrida que se da una y otra vez por parte del gobierno municipal. Una explicación repetida infinitas veces acaba convertida en excusa inaceptable, pero nadie parece darse cuenta. Tampoco que la mano tendida que se espera de la oposición sea que mire para otro lado y silbe con disimulo hasta las próximas elecciones, lo que es mucho pedir: sería competir con el dontancredismo de Santiago Cabello y compañía. No hay color: creo que sólo lo supera Mariano Rajoy, capaz de enfrentar la crisis económica, la corrupción en su partido, el separatismo catalán y cualquier otra cosa que se le cruzara en el camino fumando puros y leyendo el Marca. Eso sí: su arte de esperar que los problemas se resolvieran solos y su sangre de horchata las pagamos bastante caras, incluso (o sobre todo) quienes no le votamos.
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