El culebrón ¡Garzón es culpable! está acabando su tercera (¿o cuarta?) temporada sin el final deseado para la audiencia que anuncian las encuestas, esto es, mayoría absoluta de PP y VOX para la próxima legislatura. La defenestración del ministro no se ha producido, tampoco la ruptura del gobierno de coalición ni mucho menos el consecuente adelanto electoral. Un final decepcionante por repetitivo, aunque ha sido una temporada intensa, con la (ultra)derecha más rural posible exhibiendo lo que puede ser el look agropower del siglo XXI en la manifestación convocada por Alma Rural en Madrid. Se esperaba un clamor de un millón de personas que tumbara al ministro, rompiera la coalición, etc, pero la Delegación del Gobierno las redujo a seis mil. A repartir entre las quinientas asociaciones que asistieron según los convocantes me sale una media de doce asistentes por asociación, así que puede decirse que fue una manifa claramente extensiva.
Antes de la manifestación una tendencia generalizada entre representates políticos de la derecha fue la de apoyar a las explotaciones ganaderas de toda condición posando siempre para los media en explotaciones ganaderas extensivas. A Pablo Casado le preguntaron por qué y prometió visitar una granja intensiva. Hasta hoy nadie ha sido testigo del evento.
Que ha sido más o menos el fallo de atrezzo de toda la (ultra)derecha patria. Al que hay que añadir un fallo de guion: ¿cómo se defiende la ganadería industrial de miles de cabezas de ganado en pocas hectáreas sin defender también la contaminación de suelos y de aguas? Como vamos a ver cuando escriba del último pleno, se ha tratado de ocultar esta parte tonta con el debate de ganadería intensiva versus ganadería extensiva. Y disquisiciones del tipo: ¿qué es una macrogranja?, ¿cuál es el límite entre explotación ganadera intensiva y macrogranja?, ¿por qué no pueden establecerse si cuentan con todos los permisos?
En el trasfondo de la cuestión se plantea el modelo económico del futuro: crecimiento sostenido como hasta ahora o crecimiento sostenible. Que el debate se resuelva porque ya no haya recursos naturales (agua, tierra de cultivo) libres de contaminación no parece ni siquiera la mejor manera de plantearlo.
El lunes 31 unas treinta personas asaltaron el ayuntamiento de Lorca para impedir que se debatieran nuevas medidas (aplicar la misma distancia en pedanías que en el término local, principalmente) que suponían según ellas un ataque más a las macrogranjas. Para disculparse uno de los asaltantes identificados habla de desinformación. Aunque no aclara quién lo desinforma parece que es simpatizante de VOX. ¿Cuánto tiempo tardarán en atribuir el asalto a comunistas infiltrados? Por lo pronto lo están maquillando como estallido social y siguen sin aparecer los antidisturbios y la tanqueta como en Cádiz. Y tanto PP como VOX vuelven a dar todo su apoyo verbal a agricultores y ganaderos. Si se trata de una medida que lo haga efectivo, como votar la prohibición de la venta a pérdidas, pues se vota en contra y se queda igual de bien.
A ver si la próxima temporada de ¡Garzón es culpable! me pilla con palomitas en la despensa. La emoción no está en cuánto tardará en caer el gobierno ni cuándo cesará el presidente al ministro, sino cuánto tiempo más aguantará Pablo Casado al frente del PP. Porque el culebrón No con mis fondos no triunfa en España ni en Europa ni en el propio partido. Debe de ser el primer líder de la oposición víctima de su propia estrategia.
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