De acuerdo con la Ley de Godwin ya estaba tardando en aparecer Cuba en la tormenta mediática que pretendía ser política y dejar al gobierno central tocado y casi hundido, como todas las que se han orquestado previamente. Por recordar alguna más, la penúltima: el caso Neurona, abierto con tanto o más estruendo hace más de un año y cerrado con el archivo judicial de la causa sin casi ningún ruido por parte de la prensa castiza. Y van...
Cuba como destino natural de todos los gobiernos de izquierdas que se precien o incluso Corea del Norte, que es a donde quieren mandarme cuando en alguna discusión intento sacar a relucir las múltiples vergüenzas de nuestra democracia plena, no faltan nunca en una buena discusión política que se precie. Nunca China porque el oponente corre el riesgo de quedarse en bolas si le recuerdo el origen de la ropa que viste, el calzado que calza o la mascarilla que lo protege; o (que también sucede) lleguen a decirme que China no, que reúne lo mejor de los dos sistemas (comunismo y capitalismo), o lo mejor del capitalismo y lo peor del comunismo: desregularización económica e hiperregulación política, supongo. Por lo general es gente de poca memoria o de pocos años que no recuerdan o no vivieron la burbuja financiera japonesa, donde era muy difícil distinguir los límites entre gobiernos y consejos de administración. Como también se desconoce o se olvida el milagro de Chile, primer campo de pruebas de economía neoliberal que no ha llevado precisamente a Chile al club de las grandes economías, más bien al contrario.
Ha aparecido Cuba en Sociedades binarias para recordarnos cómo podemos acabar de seguir este gobierno empeñado en sus perversos planes de sostenibilidad, que no distan mucho de ser los planes de la Unión Europea. No se concibe una UE sin estado del bienestar como no puede concebirse un capitalismo de crecimiento continuo, por mucho que se empeñen los neoliberales. Pero Antonio Jimeno está empeñado en una cruzada contra el comunismo prosoviético que ya no se da ni siquiera en Rusia ni en ningún país perteneciente al telón de acero, no digamos ya en Europa Occidental. Supongo que obedece a intentar convencer por el miedo, recurso que descubrieron los conservadores americanos y que exportaron a todas las derechas mundiales. El miedo al comunismo ha mutado en el miedo de las élites a perder beneficios fiscales, trabajadoras y trabajadores sumis@s y otras impunidades que engordan sus cuentas corrientes en paraísos fiscales.
Lo que crece a la izquierda del PSOE es la socialdemocracia que Felipe González se negó a aplicar cuando gobernó, como el resto de partidos socialistas que entendieron que el neoliberalismo no tenía alternativa y que actualmente han desaparecido de la vida política (PSI, por ejemplo) o llegando al final de su travesía del desierto (como el laborismo inglés). Mira por dónde, el Partido Popular Democratico o Partido Socialdemócrata Portugués (PPD/PSP) se ubica en el centro derecha, lo que en España nos ahorraría muchos malos entendidos. Pedro Vallín lo resume maravillosamente en su libro C3PO en la corte del rey Felipe:
"Hoy en España, la política disponible no va de la derecha reaccionaria a la izquierda revolucionaria, sino del autoritarismo tabernario a la socialdemocracia amable; tal es el desplazamiento a la derecha del eje político que han tolerado estos espacios tan comprometidos con la democracia y tan progres. Y esto es así por más que los patios de vecinas radiotelevisados de buena mañana, los mismos que han provocado ese movimiento del eje, traten de dibujar una normalidad que quedó atrás cuando el franquismo regresó a las Cortes."
Se puede seguir distorsionando el debate de la producción y consumo cárnicos como el de la integración territorial o el de las libertades civiles y el de los derechos sociales. La cuestión es si se prefiere cumplir el artículo primero de la Constitución hasta donde sea posible o si se prefiere un estado neofranquista donde lo liberal quede sólo circunscrito al ámbito económico, lo que supondría la suspensión del artículo primero y otros más de la Constitución; o si no la suspensión de la Constitución misma, si l@s de VOX llegan alguna vez a aplicar su Agenda España. No me parece que Jimeno apueste esencialmente por lo primero.
Pero, como diría el ministro Garzón, es una opinión personal.
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