Feliz cumpleaños camaradas
El PCE cumplió cien años el domingo 14 de noviembre. Un prodigio de supervivencia por ser el enemigo principal de una de las dictaduras más longevas de Europa y por formar parte (dentro de IU, a su vez dentro de UP) de un gobierno (como sucedió en el vecino Portugal) de fuerzas de izquierda, cuando el capitalismo global parece que se encamina a una nueva crisis, lo que, glups, es una amenaza de colapso que traducido al lenguaje currito significa (más) dificultades para subsistir.
Para ser un muerto enterrado numerosas veces desde los ochenta, el PCE goza de una envidiable salud. Quizá vuelva a formar parte de las fuerzas políticas que hagan posible una reforma constitucional, inevitable si la monarquía parlamentaria aspira a la continuidad. O incluso un cambio de régimen, si el PSOE decide hundirse con un monarca inviolable, pero también tan insumergible como el Titanic a este paso.
En la sede del PCP en Grândola leí: O futuro tem partido. Los cien años del PCE se celebran con el lema Un futuro con partido. Un futuro tantas veces puesto en cuestión por la cosa demoscópica, un futuro conseguido en las prisiones y en los paredones por una militancia para la que el verbo rendirse no existe, como apuntó Carme Molinero, catedrática de Historia Contemporánea de la UAB en La Sexta Columna. Una militancia que nunca se rinde aunque paga como nadie las derrotas: ningún partido pagó un precio más alto (electoralmente, pero también socialmente) para implantar una democracia que han encenagado los que promueven la libertad en régimen de latifundio: tanto tienes, tan libre, o tan impune, o tan inviolable eres.
Oh, Cuba (II)
Antonio Jimeno me cita en uno de sus posts recientes:
No hace tanto que Jota escribía que brindaría por tanta coherencia y sensatez con un mojito o una cerveza artesana en Rincón Cubano cuando se pueda, si es que antes no nos ilegalizan, prohíben o desahucian, que es lo que la ciudadanía demócrata y liberal parece demandar. sin atender a que con su conducta lo único que hace es excusar a los sátrapas y alargar la agonía de un pueblo harto de vivir la esclavitud que le impone una ideología criminal desde la cuna a la tumba. Defender ese rincón cubano es abrocharse a la indignidad y hacerse cómplice de la opresión y la miseria, y nadie debería estar más interesado en acabar con él que los propios que lo han levantado. Por decencia.
Todo un halago, como siempre. Pero es una a cita a medias, lo cual puede llevar a la siguiente confusión: que estoy encantado de que el gobierno de Díaz-Canel promueva un enfrentamiento civil en Cuba, lo bastante como para brindar con un mojito o una cerveza artesana en el Rincón Cubano, su pesadilla recurrente (la de Antonio Jimeno, claro). En un post anterior dejé claro que mandar voluntarios a la calle para apalear a la disidencia me pareció una declaración de impotencia absoluta. Y también, que brindaría por estas palabras de Leonardo Padura:
Pero, en cualquier caso, resulta necesario que lleguen las soluciones, unas respuestas que no solo deberían ser de índole material sino también de carácter político, y así una Cuba inclusiva y mejor pueda atender las razones de este grito de desesperación y extravío de las esperanza que, en silencio pero con fuerza, desde antes del 11 de julio, venían dando muchos de nuestros compatriotas, esos lamentos que no fueron oídos y de cuyas lluvias surgieron estos lodos.
Lo que no impide olvidar que el principal problema de Cuba es el desabastacemiento, cuya principal causa es un bloqueo que se mantiene desde 1959, con fases de relajamiento / endurecimiento según lo dispuesto por los sucesivos gobiernos estadounidenses. Un bloqueo defendido por la comunidad cubana en Miami, que no busca tanto una solución política en Cuba como una victoria sobre el castrismo tan imposible como la restitución patrimonial que reclaman, también, incansablemente.
Por otro lado, y volviendo a la cita de Antonio Jimeno, hablar de pueblo esclavizado es hablar de una mayoría disconforme con el régimen castrista que quizá no existe. Negar el hartazgo de la población por la escasez de bienes y servicios básicos es tan inconsciente como afirmar que una mayoría del pueblo cubano apoya las protestas contra el castrismo: estaríamos frente a una mayoría, amén de silenciosa, también invisible. Como tampoco existe una alternativa creíble al régimen castrista, aunque sobran aspirantes al título de Anticastrista Supremo. (Ocurrió también aquí durante el franquismo: los que mejor lo llevaron con el franquismo fueron los que aspiraron a ser los más antifranquistas cuando el dictador pasó a mejor vida.) De momento, aguantan en el candelero un par de manifestaciones. Adquieren cierta notoriedad pública que quizá les lleve a una mejora en su situación profesional y económica, y luego desaparecen de la primera línea o se olvidan.
La Historia me absolverá, tituló Fidel Castro su alegato judicial por
los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Lo que
es pretencioso o ingenuo: nadie sale indemne de la Historia, como nadie
sale indemne de su propia existencia. Pero la revolución cubana supuso
el triunfo contra una dictadura sangrienta, sostenida por el gigante
vecino, que luego hizo todo lo posible por que fracasara. Es un prodigio de
resistencia y de supervivencia, y tal como lo veo eso es lo que celebra
el Rincón Cubano, un pequeño sitio en la feria de Pozoblanco donde
tomarse un estupendo mojito o una estupenda cerveza. Añadirle más
connotaciónes supongo que es un error hiperbólico. Y, en confianza,
Jimeno: quizá prefirieras un Rincón Allende (¡tampoco estaría mal!),
pero ya ves: intentó un socialismo compatible con una democracia liberal
(eurocomunismo, a fin de cuentas) y el tío Sam no lo permitió. A cambio
apoyó en Chile una dictadura militar donde se probaron las recetas
económicas que luego conoceríamos por neoliberalismo. Spoiler: funcionó un tiempo, como funcionan todas las variantes del capitalismo, pero dejó de funcionar. De paso amenaza con llevarse por delante lo que queda del liberalismo para sustituirlo por otro engendro que llaman libertarismo. Spoiler: tampoco funcionará. Pero seguramente llevará a altas cotas de libertad a unos pocos afortunados a los que sostendrán demasiados hundidos en la miseria.
A no ser que prefieras un Rincón de Trump. ¡Rayos, no sería decente en la feria, y tengo dudas de que lo fuera en un vertedero!
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