Poesía en el desfile
Esta semana se celebró la Fiesta Nacional, antiguo Día de la Raza, algo menos rancio Día de la Hispanidad. Motivo de puente que despuebla la capital, donde se celebra el desfile militar tradicional junto con la no menos tradicional exhibición de insultos y abucheos al presidente del gobierno, muy competida si éste es de un partido de izquierdas, como es el caso.
Al juntar los dos momentos me doy cuenta de que el desfile es una celebración reservada a las élites y al entregado público que las sostiene (ex-militares, ex-miembros y activos de las FFCCSE, familiares de l@s susodich@s, nostálgicos de otra época y los beneficiarios de la presente, que más o menos vienen a ser l@s mism@s). El ejército, más que protagonista, es otro figurante en el retrato de la nación-estado cuyo olor a naftalina tira de espaldas. Asomarse al pasado es posible cada doce de octubre. Mi problema es que el esplendor de la celebración aparecería si fuera capaz de ignorar la historia de este mi país, y no puedo. Mi problema es que veo más circunstancia que pompa en el asunto, así que a otra cosa.
Todo desfile que se precie tiene su anécdota, que lo hace más digerible. Incluso me atrevo a decir que lo anecdótico es lo que convierte a un desfile en algo memorable y no en un monumento al tedio. La anécdota de este año la protagonizó la Patrulla Águila, que al dibujar una bandera nacional en el cielo le salió medio republicana.
Me gustaría ver el momento como un augurio afortunado, pero es mucho más: pura poesía, por imprevisto, por desubicado, por inexplicable, por divertido.
¿Futuro republicano?
Los gobernantes antiguos se asomaban al futuro al igual que los contemporáneos: con inquietud. En el caso de los antiguos con mucha inquietud porque la vida les iba con frecuencia en el cargo. Existían todo tipo de artes adivinatorias, desde los oráculos hasta los horóscopos. Desde los años treinta del siglo pasado se utilizan las encuestas, casi igual de fiables que los antiguos métodos, pero más confiables porque hay una ciencia detrás, la Estadística. Y, también, porque una encuesta no arroja resultados definitivos, sino orientativos: no predice el destino, sino su tendencia favorable o desfavorable.
El CIS no pregunta por la valoración de la monarquía desde 2015, ni por la valoración del rey desde 2008. Este olvido es de todo menos accidental y de por sí indica lo que pretende ocultar: la pérdida de confianza en la institución y en la persona que la representa.
La Plataforma de Medios Independientes ha encargado a 40dB la realización de la segunda encuesta sobre la monarquía en la que un 39,4% de los encuestados se declara a favor de una república. Estupenda noticia para los partidarios de la monarquía si superaran el 31% que contabiliza la encuesta. Lo que no es ni de lejos el amplio respaldo de los españoles que venden la mayoría de los medios. Lo que parece conducir a una reforma de la Corona, que llevaría aparejada una reforma constitucional que las derechas no quieren afrontar. Lo que podría ser el colapso de un régimen en crisis.
IU denuncia (otra vez)
Después de denunciar las dificultades con las que el gobierno municipal intenta obstaculizar las labores de fiscalización y control de la oposición, esta semana Miguel Calero, concejal de IU, ha denunciado el retraso del pago a proveedores del ayuntamiento, lo que está llevando a empresas locales a una más que delicada situación económica. Y, junto a la denuncia, se proponen soluciones: el levantamiento de reparos por decreto (Si ha sido tan valiente para saltarse el procedimiento, debería serlo igualmente para firmar el levantamiento de reparos y resolución de discrepancias, que desatascaría una parte del pago pendiente a proveedores, Calero dixit); y / o el inicio del procedimiento de revisión de oficio, previo dictamen del Consejo Consultivo de Andalucía, para poder indemnizar por los trabajos realizados y no abonados.
Las dos soluciones propuestas reflejan que el problema es la imprevisión y la incapacidad del alcalde para trabajar de acuerdo con la normativa vigente.
Lección de guerrilla de la comunicación
Con menos frecuencia de la que me gustaría, aparecen en las calles del pueblo unos panfletos, muy escasos, que cuestionan los méritos del señor alcalde con mucha ironía y cierta mala leche, en justa proporción para arrancar por lo menos una sonrisa.
Actúan como semillas que luego se extienden por las redes sociales, en las que también se especula sobre su autoría, aunque la voluntad de permanecer en el anonimato es de lo más evidente e incluso conveniente si, como se especula, pertenece a un colectivo laboral en conflicto con el ayuntamiento (más impagos, me temo).
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