Indultos
Desde el ayusazo el PP ha pisado el acelerador para alcanzar la Moncloa. Aunque la mayoría de las encuestas les dan la razón, la respuesta social que han buscado en sus llamadas a la movilización no ha sido la esperada. Tampoco es que se hayan calentado demasiado la cabeza, bien por falta de ideas o bien porque han creído que si algo funciona bien una vez va a funcionar bien siempre, lo que generalmente vale para un interruptor eléctrico conectado a una bombilla, pero no para la actividad política, mucho más imprevisible y paradójica.
Así que si en su momento la recogida de firmas contra el Estatut fue un éxito y si la primera manifestación en Colón fue multitudinaria, por qué no repetir la fórmula como una demostración de fuerza de la oposición frente a la debilidad del gobierno, contra la intención que éste albergaba de indultar a los presos del procés. Una respuesta en forma de asistencia masiva o un número abundante de firmas hubieran supuesto una seria desautorización al gobierno. Pero ha ocurrido lo contrario: asistencia discreta y número más que discreto de firmas, además de un cauteloso o muy cauteloso apoyo a la decisión del gobierno por parte del presidente de la CEOE y de la Conferencia Episcopal. Para colmo Aznar parece apostar por el liderazgo de Ayuso.
A lo mejor las encuestas apuntan a una victoria del PP sin Pablo Casado, o vete a saber.
Adelante
Hoy se celebra la asamblea fundacional de Adelante Andalucía o Andalucía No Se Rinde o como decidan finalmente los tribunales llamar al partido / coalición / confluencia / etc que lidera Teresa Rodríguez, si acabamos cometiendo el error de judicializar los conflictos políticos, por si no ha quedado claro con el juicio del procés.
Por favor, compañeras y compañeros: que la disputa por el nombre de Adelante Andalucía se quede en el espacio político, ya de por sí concurrido por la abundancia de siglas y escaso por las preferencias del electorado, para qué nos vamos a engañar. Si la acción judicial se convierte en el destino inevitable de la acción política sólo será patente la incapacidad de las partes implicadas para llegar a acuerdos que beneficien a la ciudadanía.
Resulta curioso cómo desde la derecha se nos homogeneiza bajo la etiqueta de comunista que, como demuestra por ejemplo Antonio Jimeno en los dicterios que nos dedica de cuando en cuando, equivale más o menos a castrista-estalinista-maoísta-norcoreano, ortodoxo en el mejor de los casos, radical si se busca ofender o si lo dice Jiménez Losantos, que para el caso es lo mismo. Como si toda la historia del comunismo (y, por tanto, su evolución y su involución) no hubiera desbordado tales escenarios y tales personajes. Como si simplificación y simpleza fueran sinónimos. Como si al PCE no le hubiera pasado la Historia por encima varias veces (¡y qué inmensa huella de sangre lo atestigua!), ni hubiera sido la principal y casi única fuerza de oposición al franquismo, ni hubiera contribuido a instaurar un sistema democrático tanto en la lucha contra el nazismo en Francia como desde la muerte de Franco en España, lo que no se puede asegurar de algunas glorias difuntas del PP ni de algunas vivas tampoco. Como si en los estatutos de Izquierda Unida no se garantizara el derecho a discrepar (concretamente desde el Preámbulo, punto A). Como (y aquí quería llegar) si la división de la izquierda no fuera un reflejo de su pluralidad y de su heterogeneidad, y a la vez evidencia de la incapacidad de encontrar planteamientos comunes para llegar a alcanzar objetivos comunes, algo de lo que tampoco se escapa la derecha, por muchas prisas que se dé el PP en encabezar la polarización política frente a VOX, totalmente desfondado ya C's.
Suerte, compañeras y compañeros de Adelante Andalucía. Ojalá nos volvamos a encontrar muy pronto.
Más jornadas históricas
Me comentaba una amiga con cierta desazón que Pozoblanco tenía poco patrimonio histórico, lo que en cierto modo equivale a poca historia, lo que me parece lejos de la realidad. Y aun así, ni tan mal darlo por bueno: la historia que no se tiene es la historia que está por hacer.
Sin embargo, desde la mayoría absoluta de #santialcalde (sus fans le atribuyen en exclusiva el logro y no se hable más: En los pueblos se vota a la persona, no al partido) hemos vivido no pocas jornadas históricas. ¿Cuáles? Fácil: siempre hay foto del señor alcalde haciendo Historia. Y si hay palabras suyas es probable que se graben en granito para la posteridad; si es que se encuentra suficiente granito para tanto discurso, nunca exento de grandilocuencia (y, si me apuran, también al límite de la cursilería). Normal: es lo que tiene vivir y hacer historia a la vez, no está del todo claro cuándo acaba lo íntimo y empieza lo público o viceversa.
La última ocasión histórica ha sido la vacunación del señor alcalde. Como es un suceso inicialmente personal, de momento sólo aparece en su página de Facebook. Como personalidad pública parece obligada a dejar constancia de la trascendencia del momento, es decir, a convertirlo en acontecimiento. Como cabeza visible del pueblo (por su cargo, no por su tamaño) la ocasión parece que lo empuja a dar testimonio y ejemplo. Para ello,
- convierte una necesidad sanitaria y un deber cívico en ¿premio?, ¿regalo?, ¿recompensa?: Llevo varios meses soñando con este día...;
- felicita al personal sanitario con epítetos marca de la casa: extraordinario trabajo, gran organización, gran labor... No es que estén de más, pero su estilo rimbombante me retrotrae a las sesiones del NO-DO y, ¡rayos!, qué dentera;
- arenga a la ciudadanía y hace un llamamiento obligado a la responsabilidad, algo que no olvida hacer ningún cargo público en ninguna comparecencia pública ni en ninguna declaración institucional (ojo, que seguimos estando en una página personal de Facebook).
- agradece el trabajo bien hecho de la enfermera que lo vacuna y de paso lo convierte en algo casi místico: ...por llenarme de ilusión y esperanza. (Más bien lo está llenando de inmunidad contra el virus, pero no estropeemos tan inspirado momento, aunque suene pelín cursi.)
- Seguimos adelante...!!! Esta vez sí que se ve la vara de mando indicando el camino y el destino mejor que nos espera, la tierra prometida de Moisés o el inútil acto de esperar a Godot (queda media legislatura para averiguarlo y, la verdad, no pinta bien).
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