Esta semana se ha reabierto el pasado colonial español en el Sáhara con otra marea humana en Ceuta, gracias a la cooperación de las fuerzas de seguridad marroquíes, como respuesta a la afrenta que supone haber atendido a Brahim Ghali (con todo el secreto posible, incluida la falsa identidad) por un cuadro grave de Covid-19. Se ha intentado evitar una crisis diplomática y tenemos una crisis diplomática y humanitaria, lo cual deja al CNI y a Asuntos Exteriores más cerca de una aventura de Mortadelo y Filemón que de los libros de Historia. Y si no fuera tan trágica la historia de la cesión del Sáhara, que es el origen de todos los problemas entre España y Marruecos, no encontraríamos peor chapuza en las páginas de Pepe Gotera y Otilio. En este artículo de Gloria Elizo se explica bastante bien el origen de nuestra mala conciencia, nuestra vergüenza y nuestra impotencia, destinos habituales en nuestra política exterior con Marruecos. (Por cierto: la vergonzosa cesión del Sáhara fue la primera gestión política del rey emérito como jefe eventual del estado.)
También es posible saber cómo evitar una crisis diplomática y humanitaria después de que se haya producido, si se está en la oposición y se trata de Pablo Casado, que incluso lo sabía días antes de producirse, aunque no hay constancia de que avisara al gobierno. La clarividencia parece que empieza a formar parte de las virtudes de los líderes del PP, aunque de una manera un tanto extraña: sólo reclaman atención sobre lo que habían previsto cuando ha sucedido, nunca antes. Lo que en el mundo de la magia sería un truco lamentable, en política es uno de los talentos de la derecha más aplaudidos por los medios afines.
Ya es costumbre que cuando el reyezuelo del país vecino se siente agraviado por la política española abra el grifo de la miseria, a modo de advertencia no sólo a España, sino también al resto de Europa, como frontera externalizada que es su reino y por lo que cobra un pastón anual, pero el dinero no lo es todo: también cumplir su regia voluntad forma parte del acuerdo, como ha recordado la embajadora en España: los actos tienen consecuencias. No estaría de más que la UE, a través del señor Borrell, se lo recordara también a Mohamed VI. No sucederá: es un problema entre España y Marruecos, no entre Francia o Alemania y Marruecos, lo que sí lo convertiría en un problema europeo.
Para terminar de arreglarlo, Santiago Abascal desembarca en Ceuta hablando de invasión y para exigir la construcción de un muro infranqueable en el mejor estilo Trump, como dejó bien claro Javier Ruiz en el programa de AR. En Andalucía se amenaza con dejar de apoyar al gobierno autonómico si se acogen menores no acompañados, lo que más que presión parece chantaje. ¿Le han hecho ver a Abascal que nunca han existido muros infranqueables ni fronteras 100% impermeables que detengan a los más necesitados del mundo?
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