Dilema
Desde mi última entrada (o post, o como se diga), tengo un lío de fechas: no sé si España es más libre desde el cuatro o desde el nueve del mes corriente. Un lío más simbólico que cronológico: el cuatro de mayo triunfó en Madrid (¡y cómo!) la Libertad en persona. Y el nueve de mayo se acaba el estado de alarma, lo cual pone fin a la conculcación de derechos fundamentales (o no). Lo que puede ser el enésimo principio del fin de la pandemia o el principio del enésimo rebrote. Cuestión de perspectivas, o de marcos.
Cumpleaños no tan feliz
Antes de fechas tan señaladas (que diría el emérito) en Izquierda Unida celebramos el trigésimo quinto aniversario como partido político bajo el lema Siempre en el lado bueno de la Historia, en el que detecto bastante recochineo pero ni por eso me resulta convincente: por afición creo que la Historia es maniquea sólo si se aborda desde un único punto de vista, que además nunca es el mejor modo de acercarse a ella. Otra vez, cuestión de perspectivas. Ni la Libertad en persona ni la gente de Comunicación de IU han convertido en axioma el, a mi juicio, despropósito que supone el lado bueno de la Historia. ¿Qué tal si se hubiera reivindicado la disidencia frente a la deriva neoliberal del PSOE de aquellos años? ¿O el carácter de alternativa frente al rodillo socialista y al bipartidismo en el que se fundamentaba el régimen del 78? ¿Qué tal si validamos nuestra condición de fuerza política necesaria a pesar de nuestra implantación minoritaria? Creo que nunca se ha dejado de intentar esto último, infatigablemente. Puede que incluso sea el origen de la mayoría de conflictos internos: cómo establecer directrices sin mensocabar la pluralidad.
Finales de trayecto
La campaña electoral de Madrid ha sido la más polarizada. Está por ver si benefició a las derechas porque dominaron los marcos de la campaña o porque los partidos de izquierdas nunca dieron la impresión de ser un bloque lo bastante homogéneo como para gobernar en coalición. Los dos partidos que más apostaron por la centralidad (PSOE y C's) fueron los más perjudicados: el primero porque llegó tarde y sin convicción para encabezar un bloque de izquierdas; el segundo porque nadie confiaba ya en su papel de bisagra en un gobierno del PP, después de haber formado parte de un intento de moción de censura contra otro gobierno del PP, a lo que se suman las historias de transfuguismo que acarreó su fracaso para convertirlo en el más inestable de la foto. De paso parece confirmarse un burdo rumor, una leyenda urbana: aliarse con el PSOE será declarado tarde o temprano deporte de riesgo, lo que hace más meritorio un gobierno de coalición que se ha mantenido estable a pesar de la pandemia y a pesar del socio mayoritario.
Buena parte del mérito se debe a Pablo Iglesias, que en la misma noche del cuatro de mayo anunció la dimisión de todos sus cargos y su salida de la política institucional. Las amenazas de muerte recibidas durante la campaña fueron el colofón a un acoso que no ha sufrido ningún otro político. Las reacciones fueron dispares, pero destaca en vulgaridad la de Rocío Monasterio: cierre al salir; ya en los debates parecía programada para hacerse oir y no escuchar, lo que evidencia la antipolítica que impulsa su partido. En revanchismo nadie superó a Martínez-Almeida.
La noche electoral madrileña fue exultante para el PP, aunque Casado no pudo representar otro rol que el de telonero en la imagen del balcón de Génova 13. De momento las encuestas publicadas le auguran una victoria, pero quizá no suficiente para gobernar. Hasta el próximo barómetro del CIS, que por cierto ha demostrado bastante incapacidad de cálculo en estas elecciones.
Vinieron días de efecto Ayuso, modelo Ayuso, sin que uno sepa qué significan estos conceptos que los medios afines consideran necesarios para retomar el poder en el resto de España. Apenas quince días después parece que el efecto y el modelo no salen de Madrid. Incluso me permito dudar de su existencia fuera de la campaña electoral permanente en la que parece instalada la derecha patria. No estaría mal dejarla en el centro de todos los focos, si no fuera por que no se incluirían las tomas falsas ni las meteduras de pata, único material de interés si no se comulga con ella. Para muestra: ¿cuánta atención mediática ha tenido la desaparición de C's de la Asamblea de Madrid?
15-M
Ayer sábado se cumplieron diez años de su inicio. Hay un surtido de opiniones y de análisis como para emplear otros diez años en digerirlo. En todo intento de aproximación al 15-M es inevitable el componente autobiográfico. Ahí va el mío: lo viví de modo ocasional en Jerez, muy fugazmente en Granada y un par de viernes en Pozoblanco, en unas reuniones casi clandestinas en el IES Antonio María Calero. En todos estos sitios me maravilló la participación de las / los asistentes más jóvenes, como sobró la participación (a veces obcecada) de algunas / algunos asistentes que pasábamos de la cuarentena: unos no paraban de buscar respuestas y otros no paraban de jactarse de haberlas encontrado. En las plazas ocupadas era admirable la organización de actividades, el mantenimiento de las acampadas. Muy pronto quedó clara mi agridulce condición de espectador. (Agridulce: ni por disponibilidad ni por capacitación podía actuar de otra manera.)
También es común que, cuanto más alejado se estuvo de las plazas ocupadas, el recuerdo sea simplista cuando no despectivo. Que le pregunten a Almeida, o mejor no: puede que pase una generación antes de que la derecha olvide a Pablo Iglesias. Para los periódicos conservadores Pablo Iglesias es la encarnación del fracaso del 15-M. Si así fuera la hegemonía conservadora en España sería incontestable durante décadas. Seguramente estaríamos a las puertas de una época de estabilidad política que se traduciría en un ciclo largo de prosperidad económica. Pero entonces no hablaríamos de España a la Ayuso, sino de España a la Merkel. Hay diferencias. La principal: no tratar de suprimir las políticas sociales ni de expoliar los servicios públicos. La fundamental: en Alemania existía un estado de bienestar previo a la aparición de Merkel, que en España ni siquiera perfilaron los gobiernos del PSOE.
Antonio Jimeno me regala el visionado de un álbum de The Pretty Things, Parachute, para aliviar mi posible decepción por el 15-M. Agradezco muchísimo el regalo pero no hubo tal decepción. Una sola vuelta por la 15Mpedia abruma. Pablo Elorduy, en 15M, los mejores días, publicado en El Salto, creo que resume bien esos días. Para echar unas risas, un vistazo a este vídeo de La hemeroteca del Buitre (de camino se ve cómo el sesgo ideológico puede conducir al ridículo si se está más pendiente de la propia brillantez que de la realidad).


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