Las navidades están a salvo pero no podemos dormir tranquilos: vuelven los repuntes en los contagios, a un ritmo bestial. Desde varias comunidades autónomas se insiste en pedir el confinamiento total que padecimos en marzo. (Por suerte, aunque todavía no se sepa bien por qué, mi trabajo se consideró servicio esencial y me libré del enclaustramiento.) Nuestro presidente autonómico ha sido de los primeros en exigirlo: salvada la navidad, vuelve la preocupación por la salud, que siempre es responsabilidad ajena si se trata de gobernantes del PP. Nuestro alcalde no podía ser menos y ha emitido un bando en el que llama a la responsabilidad individual de toda la ciudadanía para frenar la tendencia al alza. No está mal invocar la responsabilidad individual, pero hacerlo una vez pasadas las fiestas tan entrañables suena como pasarle la patata caliente de la gestión de la pandemia al ciudadano de a pie. Y si al final el ciudadano de a pie se contagia va a ser responsabilidad suya, no de la clase política que decidió aligerar las medidas restrictivas. Mejor reconocer de una vez que como país y como pueblo somos lo bastante pobres como para no poder permitirnos ni un solo confinamiento prolongado más. Quizá esto conciencie más al personal.
En Pozoblanco Denuncia también hubo una queja más que justificada: la necesidad de instalar filtros HEPA en todos los centros educativos.
La respuesta del señor alcalde no se hizo esperar, y es deliciosamente marxista, de la Faccion Groucho:
Una semana después el alcalde anuncia la compra de los filtros HEPA y de CO2. Los procedimientos complejos y la normativa administrativa que lo hicieron imposible durante dos meses se solucionan una semana después de la queja. ¿Milagro municipal o influjo poderoso de las redes sociales?


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