Antonio Jimeno respondió (por alusiones, que se diría en el Parlamento) uno de mis hilos en Twitter en una entrada de su admirable blog Sociedades Binarias, del que soy lector fiel desde hace más o menos una década. Fidelidad que no está reñida con la discrepancia ni la disputa sobre cuestiones sobre todo políticas: me gusta la claridad de su estilo y me asombran sus conocimientos -sobre todo rock- así como sus múltiples lecturas. Todo lo cual hace que me sienta muy honrado por merecer una entrada más extensa de lo habitual (maneja con mucha pericia la extensión, nunca superior al área de la pantalla) además de complicar mucho mi réplica.
Pero al lío.
Hay varios asuntos entreverados en tu réplica, Antonio. Empezando por el fundamental: si el comunismo trató a las mujeres como floreros, dado que en ningún país comunista ha gobernado ninguna mujer, ¿qué podemos decir de los países no comunistas, con la honrosa excepción del Reino Unido? De la misma manera que no se dio una Presidenta del Consejo de Ministros de la URSS tampoco se ha dado una Presidenta de los Estados Unidos de América. La explicación más simple y recurrente es que en todos los ámbitos (políticos, económicos, etc) ser mujer y desempeñar tareas de dirección es muy complicado. No parece falta de mérito ni de capacidad, sino inherente a la propia condición de mujer, por lo que se habla de machismo, más persistente que cualquier ideología o cualquier creencia. La injusta prevalencia del hombre sobre la mujer, recogida incluso en el artículo 57.1 de nuestra Constitución vigente (y oxidada, como muestra este ejemplo):
La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.
Descendiendo a la política local, 25 años de bigotes (¡jajajajaja!) en IU Pozoblanco son muchos años, creo que incluso para el bigote en cuestión, esto es, Miguel Calero. Como simpatizante y recién llegado a la política local pozoalbense (poco más de un año es mi recorrido) tengo una visión incipiente de la cosa, tan personal y discutible que me parece más arriesgada que certera. Ahí va: en IU Pozoblanco hay una persona que dedica todo el tiempo y todos los esfuerzos que le sobran de ganarse la vida a la política local: Miguel Calero. Las demás personas aportamos propuestas, colaboración en las tareas más engorrosas, la capacidad de análisis y de opinión que cada cual tenga, la valiosa experiencia acumulada por años de militancia, etc. ¿Se podría hablar de "calerismo"? Mientras alguien no presente una alternativa y emplee en ella la misma dedicación, no queda otra, para desgracia incluso del interesado, al parecer siempre renuente a encabezar una candidatura. Hay jóvenes en la formación, así que hay esperanza. Y, aunque no me sirva de consuelo, la desafección parece un problema común a todas las formaciones políticas, no sólo un problema de identidad (o más bien de identificación) de los comunistas. Hay quien lo cree un cambio de era (o una consecuencia más del desarrollo tecnológico). Hay quien lo cree un agotamiento del capitalismo financiero. El pasado viernes encontré una (otra) posible respuesta:
Acepto gustoso la invitación a discutir larga y amistosamente sobre estas y otras cuestiones en cuanto la pandemia termine.
Sin más me despido atentamente hasta entonces.
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